El 10 de agosto de 2026, a las 7:34 de la mañana, Colombia vivió uno de esos acontecimientos que cambian un día normal en cuestión de segundos.
Un poderoso terremoto de magnitud 7,4 sacudió el occidente del país. Su epicentro se localizó cerca de San José del Palmar, Chocó, a una profundidad aproximada de 107 kilómetros. El movimiento se sintió en ciudades como Pereira, Cali, Armenia, Manizales, Medellín y Bogotá, e incluso fuera de Colombia.
Pero detrás de las cifras, los mapas y las explicaciones geológicas hay algo mucho más importante: miles de vidas cambiaron en apenas unos segundos.
Un terremoto que dejó una profunda huella
Las imágenes posteriores al terremoto muestran edificios colapsados, viviendas destruidas, calles cubiertas de escombros y familias intentando comprender lo que acababa de suceder.
Con el paso de los días, la verdadera dimensión de la tragedia comenzó a hacerse visible.
Los balances oficiales han ido cambiando a medida que avanzan las labores de búsqueda. Según uno de los reportes más recientes publicados, la emergencia ya dejaba 288 personas fallecidas, más de 4.000 heridas y cientos de personas desaparecidas o rescatadas, con afectaciones en numerosos departamentos del país.
Entre las ciudades más golpeadas se encuentran Pereira y Cali, donde numerosas familias perdieron seres queridos, viviendas o buena parte de aquello que habían construido durante años.
Las cifras, sin embargo, nunca consiguen explicar completamente una tragedia.
Una vivienda destruida no son simplemente ladrillos.
Es el lugar donde alguien vio crecer a sus hijos.
Es una habitación llena de recuerdos.
Es una mesa alrededor de la cual una familia cenaba cada noche.
Es el esfuerzo económico de años o incluso de toda una vida.
Cuando 30 segundos parecen eternos
Quienes han vivido un terremoto fuerte saben que la percepción del tiempo cambia completamente.
Unos pocos segundos pueden parecer minutos.
El suelo deja de ser ese lugar estable que siempre damos por sentado. Los objetos comienzan a moverse, las paredes crujen y, durante unos instantes, desaparece esa sensación de control que normalmente tenemos sobre nuestra vida.
Después llega el silencio.
Y entonces comienza otra etapa: comprobar que nuestros seres queridos están bien, salir a la calle, observar los daños y tratar de entender qué acaba de ocurrir.
Para muchas personas afectadas por el terremoto de Colombia, esa sensación todavía no ha terminado.
El terremoto termina, pero el miedo puede quedarse
Existe otra consecuencia de los terremotos de la que hablamos mucho menos: el impacto emocional.
Después de experimentar un evento de esta magnitud, algunas personas permanecen especialmente atentas a cualquier vibración, sonido o movimiento.
Una puerta que tiembla.
Un camión que pasa cerca.
Una cama que parece moverse ligeramente.
Incluso unas cortinas moviéndose pueden hacer que alguien vuelva mentalmente al momento del terremoto.
Días después del desastre, supervivientes en diferentes zonas afectadas han relatado precisamente esa sensación de hipervigilancia, junto con dificultades para dormir y miedo a regresar a sus viviendas.
Recuperarse, por tanto, no significa únicamente reconstruir edificios.
También significa recuperar poco a poco la sensación de seguridad.
Pereira, una de las ciudades más golpeadas
Para Pereira, el terremoto ha sido especialmente doloroso.
La capital de Risaralda apareció desde las primeras horas entre las zonas con mayor número de víctimas y daños. Equipos de emergencia, autoridades, vecinos y voluntarios participaron en las labores de búsqueda y atención de las personas afectadas.
La tragedia también vuelve a poner sobre la mesa una realidad conocida de esta región de Colombia: su exposición a diferentes amenazas naturales.
Incluso antes del terremoto, la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo había publicado alertas relacionadas con amenaza de movimientos en masa en Pereira, asociadas a factores como las lluvias, la geología y las pendientes del terreno.
Esto no significa que todos los terrenos o viviendas de Pereira sean inseguros. Significa algo mucho más importante: conocer el terreno, respetar las normas de construcción y evaluar correctamente las edificaciones puede marcar una enorme diferencia.
Reconstruir mejor, no solamente reconstruir
Después de una catástrofe existe una necesidad comprensible de recuperar la normalidad cuanto antes.
Pero la reconstrucción también representa una oportunidad.
Una oportunidad para revisar edificios.
Para estudiar los terrenos cuando sea necesario.
Para reforzar estructuras vulnerables.
Para mejorar los protocolos de emergencia.
Para comprobar que colegios, hospitales y lugares públicos estén preparados.
Y también para que cada familia tenga un pequeño plan de emergencia.
Colombia es un país sísmicamente activo. No podemos evitar que ocurran terremotos, pero sí podemos trabajar para reducir sus consecuencias.
La preparación salva vidas.
¿Qué podemos aprender como familias?
No necesitamos vivir permanentemente con miedo para estar preparados.
De hecho, ocurre exactamente lo contrario: tener un plan puede proporcionarnos tranquilidad.
Conviene que todos los miembros de una familia sepan cuáles son las zonas más seguras de la vivienda, cómo actuar durante un sismo y dónde encontrarse si quedan separados.
También es recomendable mantener accesibles elementos básicos como agua, linterna, batería externa, medicamentos necesarios, copias de documentos importantes y algunos alimentos no perecederos.
Pero quizá exista una preparación todavía más sencilla:
hablar del tema.
Explicar a los niños qué deben hacer sin transmitirles pánico. Acordar quién recoge a los hijos si ocurre una emergencia durante el horario escolar. Saber cómo contactar con familiares. Conocer las rutas de evacuación.
Prepararse no significa esperar que ocurra una tragedia.
Significa saber qué hacer si algún día ocurre.
También hemos visto lo mejor de las personas
Las grandes tragedias tienen una contradicción difícil de explicar.
Nos muestran una enorme destrucción, pero al mismo tiempo pueden mostrarnos una extraordinaria solidaridad.
Personas ayudando a desconocidos.
Vecinos abriendo sus casas.
Rescatistas trabajando durante horas.
Familias compartiendo alimentos.
Personas ofreciendo transporte, alojamiento o simplemente compañía.
En los momentos en los que parece que todo se ha roto, descubrimos que una comunidad también puede convertirse en refugio.
La vida puede cambiar en segundos
Vivimos haciendo planes.
Pensamos en el próximo viaje, el trabajo de mañana, la cuota de la casa, las vacaciones, una reunión pendiente o aquello que queremos comprar el próximo mes.
Y está bien hacerlo.
Pero acontecimientos como el terremoto de Colombia nos recuerdan algo que fácilmente olvidamos:
la vida ocurre ahora.
Quizás algunas preocupaciones que ayer parecían enormes hoy ya no lo sean tanto.
Quizás podamos llamar más a nuestros padres.
Abrazar un poco más a nuestros hijos.
Decir más veces “te quiero”.
Perdonar antes.
Agradecer nuestra casa mientras todavía estamos dentro de ella.
Y entender que tener a nuestra familia sentada alrededor de una mesa puede ser una fortuna mucho mayor de lo que imaginamos.
Colombia se volverá a levantar
Ahora comienza un proceso que probablemente será largo.
Habrá viviendas que reparar, edificios que evaluar, familias que necesitarán ayuda y personas que tendrán que empezar nuevamente desde cero.
Pero reconstruir una ciudad significa mucho más que levantar paredes.
Significa recuperar hogares.
Recuperar barrios.
Recuperar rutinas.
Y, sobre todo, recuperar la tranquilidad.
A todas las personas que perdieron a alguien, a quienes resultaron heridas, a quienes perdieron sus viviendas y a quienes todavía sienten miedo después de lo ocurrido:
no están solos.
Que esta tragedia también nos deje una enseñanza.
Que valoremos un poco más aquello que normalmente damos por sentado.
Que estemos mejor preparados.
Que ayudemos cuando podamos.
Y que recordemos que, incluso después de los momentos más difíciles, siempre existe la posibilidad de reconstruir.
Porque mientras haya vida, siempre existe la posibilidad de volver a empezar. ❤️🇨🇴
¿Quieres ayudar a las personas afectadas por el terremoto? ❤️🇨🇴
Ante una tragedia de esta magnitud, cada ayuda cuenta.
Hemos creado Pereira Help como una iniciativa para apoyar a las personas y familias afectadas por el terremoto y contribuir a la recuperación de Pereira.
Si quieres colaborar, conocer la iniciativa o realizar una donación, puedes hacerlo aquí:
Una aportación, por pequeña que parezca, puede convertirse en ayuda real para alguien que está atravesando uno de los momentos más difíciles de su vida.
Si en este momento no puedes donar, también puedes ayudarnos compartiendo Pereira Help con familiares, amigos y en tus redes sociales. Cuantas más personas conozcan la iniciativa, mayor será nuestra capacidad de ayudar.
Pereira necesita de todos. Juntos podemos ayudar a reconstruir hogares, recuperar la esperanza y acompañar a quienes más lo necesitan. ❤️🇨🇴

